Cinco años de haberse creado, cuatro goles en dos partidos para ganar la final, tres rivales de respeto que dejó en el camino, dos los juegos que perdió de un total de 23 cotejos, un título en Primera División: la cuenta regresiva de los Xolos de Tijuana para volar a lo más alto del balompié azteca.
Solamente los Esmeraldas del León fueron capaces de vencerlos en la temporada regular y además repetirles la dosis en la semifinal, sin embargo reaccionaron en su terruño para imponerse con global de 3 – 2 y dejar fuera al equipo sensación del torneo, antes ya lo había hecho con los Rayados del Monterrey, representantes de Concacaf en el Mundial de Clubes y terminó con el Toluca, segundo equipo más ganador del futbol mexicano junto con América.
Los Xolos pudieron coronar una temporada exitosa, en la que fueron uno de los equipos menos goleados al recibir 15 anotaciones, es decir un promedio de 0.9 goles por partido y en cambio anotar 23. Con estos números además se pusieron en la cúspide de la tabla porcentual, lejos de regresar a la división de ascenso y mejor aún con perspectiva de lograr más en Primera División y en el plano internacional, pues ya es representante para la Copa de Campeones de Concacaf.
El duelo contra Toluca por la final fue una síntesis de lo que fue Tijuana durante todo el torneo, una escuadra disciplinada, paciente, inteligente, que supo medir bien a sus rivales y plantear la estrategia adecuada para explotar sus capacidades en razón del oponente.
Toluca por supuesto no fue un rival sencillo, los Rojos que resurgieron a sus tiempos de grandeza de la mano de Enrique Meza, no dejaron de luchar aunque no pudieron derribar el muro defensivo que plantaron los Xolos y terminaron el primer tiempo con empate sin goles.
Para el complemento el reloj se volvió otro aliado de los tijuanenses y en solamente un minuto sentenciaron el encuentro, cuando al 69 Fernando Arce cobra un tiro libre que se estrella en el poste y atento a la cita llega Richard Ruiz para empujar el tanto que puso el global en 3 – 1.
La frustración de los mexiquenses fue mayúscula cuando sólo unos segundos después el goleador del cuadro fronterizo, Duvier Riascos, quien anotó ocho goles en la fase clasificatoria, condujo desde fuera del área grande, con una finta dejó fuera de combate al portero Alfredo Talavera y provocó el llanto en la tribuna, del público local porque el 4 – 1 ya pesaba demasiado y en los visitantes de alegría porque era sólo cuestión de tiempo para levantar la copa.
Los tijuanenses avanzaban a velocidad y con ventaja sobre el medio terreno, cuando el árbitro Francisco Chacón hizo sonar su silbato, el estratega Antonio Mohamed, quien segundos antes había dado respetuosamente la mano a Enrique Meza, se metió a celebrar con sus jugadores, mientras se colocaban las tarimas en que minutos después recibirían el primer trofeo del máximo circuito para una vitrina que se anticipa muy nutrida.
