A tres días de terminada la fiesta mundialista, algunas casas no terminan de recuperarse del golpe de prender la televisión y volver a la rutina de telenovelas, programas para niños y las repeticiones de los partidos de la Selección Mexicana, la goliza a Brasil y la gran final.
Después de agotarse hasta la última gota de cerveza alemana el domingo, lunes y martes, a partir de hoy volveremos a consumir la cerveza nacional de siempre, con esperanza de saber mejor dentro de cuatro años y durante más de cuatro partidos.
El mundo ya no será de nuevo el mismo; en las fiestas de cumpleaños ya no se gritará mordida, si no el nombre del delantero Uruguayo Luis Suarez, los brasileños querrán desaparecer el número siete de su calendario, y es muy seguro que nosotros los mexicanos no queramos volver a comer una Naranja en mucho tiempo, con temor a que nos la Robben.
Pero no estamos tan mal; mientras nosotros nos lamentamos de no tener mundial, algunos en redes sociales se quejan de “Ya no tener petróleo”; tan grave es la situación que el gobierno ha decidido no dejarnos solos en esto; ni siquiera en la “privacidad” de nuestros celulares.
Nunca; desde el grupo “neonazi” nacido en el PAN Jalisco; nos habíamos sentido tan alemanes, quizá y hasta algo bueno sale de su victoria, de un país que es potencia económica y educativa podemos aprender mucho, yéndonos hacia lo deportivo los alemanes también son superiores, incluso México podría aprender un poco del entrenamiento en sus (auto) defensas.
Tendremos casi una semana libre de deportes (de nuestro interés), hasta que sea hora de volver a la pasión con el comienzo de la Liga MX; donde se nos garantiza que nuestro equipo favorito llegue no solo al cuarto, si no al decimoséptimo partido.
Ahora que se acabo el mundial podemos voltear a esos deportes que tanto piden a gritos la atención del público; el judo, el ciclismo, el tiro con arco, la natación, el atletismo, o incluso de la fallida selección Nacional de Hockey sobre ruedas, que no tuvo presupuesto para acudir a su mundial este año; eso sí, de clavados ni nos hablen.
