Fue su corrida 75 en la Monumental Plaza de Toros México, la que marcó el final de 33 años de carrera y aunque no fue en el terreno de los resultados lo que habría querido Eulalio López “Zotoluco”, en emotividad alcanzó las expectativas con más de 30 mil personas que gritaban cosas como “Gracias Lalo”, “torero, torero” y muchas más que siguieron el acontecimiento a través de la televisión y redes sociales.
En un mosaico de artistas, deportistas, trabajadores, profesionistas, políticos, todos unidos por la pasión hacia la fiesta brava y el reconocimiento a una de las grandes figuras que ha dado México en este terreno, el torero de Azcapotzalco se cortó la coleta y aunque buscará seguir ligado a los toros desde otra trinchera, la emoción de dejar los ruedos se hizo lágrimas en sus ojos.
Emotiva sin duda la participación de los niños ciegos y débiles visuales que se han beneficiado con la Fundación que “Zotoluco” sostiene, lo que da cuenta de su calidad humana, que se refrenda con los comentarios de sus amigos y familiares, quienes fueron parte de ese momento que además formó parte de los festejos por el 71 Aniversario de la Plaza México.
Aunque se trató de una despedida fue un festejo, porque se celebró una trayectoria de entrega y profesionalismo, a una ocupación que si bien es objeto de múltiples críticas, también lo es de reconocimiento al valor y constancia que se requiere para ostentarla y al margen de las consideraciones de la fiesta brava, la carrera de Eulalio López se constituye en un ejemplo para los mexicanos.
Este festejo tuvo matices hidalguenses, primero por supuesto por la ganadería de Fernando de la Mora, cuyos ejemplares que tocaron en suerte al festejado no tuvieron la bravura para hacerlo lucir, sin embargo hubo mejor fortuna con su lote para el español Enrique Ponce, quien resultó triunfador.
También porque como sobresaliente estuvo el matador de Tepeapulco Luis Gallardo, quien sustituyó al pachuqueño Pablo Samperio, que había sido invitado para formar parte de la cuadrilla pero tomó la decisión de declinar, aun así los toreros hidalguenses fueron representados.
También en la tribuna se distinguió al Hijo del Santo, heredero de la leyenda que se originó en Tulancingo y se sumó la despedida del picador Ignacio Meléndez, quien recordó que casi la mitad de su carrera la compartió con el matador hidalguense Jorge Gutiérrez, quien por cierto cumplió una década de haberse retirado.
