
Lo que al mediodía fue un cúmulo de emociones que se contaban por miles, hacia la tarde – noche se volvió más familiar, más íntimo, con la intimidad que permite la existencia de un hombre que se dedicaba al futbol casi tanto como a hacer amigos, ayudar y ser respetado por sus valores.
En el Estadio Hidalgo fueron más de 12 mil personas las que congregó el “Cóndor” Calero, en el Memorial La Paz, amigos cercanos, familiares, quienes confirmaron que las cenizas se repartirán entre Colombia y la Universidad del Futbol en Pachuca, donde hoy empieza la construcción del nicho en que habrán de descansar.
El número uno se retira en definitiva de las camisetas tuzas, ningún jugador del equipo podrá usar ese número que da cuenta de lo que fue, es y será Miguel Calero para la institución, por eso se lleva la camiseta consigo “para seguir defendiendo la portería del Pachuca en el cielo” como lo describió emotivamente su hijo en el marco de la ceremonia religiosa celebra en el estadio.
Ese inmueble, en el que durante más de una década los aficionados tuzos corearon su nombre y las porras de los contrincantes buscaban provocarlo, desesperados porque era una barrera dura de quebrantar, tendrá por supuesto un palco con su nombre y una estatua se levantará en Pachuca.
Las porras de la Barra Tuza aseguraban que “Calero no se va” y efectivamente su recuerdo y enseñanzas se quedan en el futbol, se quedan con Pachuca, aunque la puerta tuza no volverá a estar igual de segura como lo estuvo con Miguel bajo sus postes.
Homenaje en buenos aires
Mientras sus restos se encaminaban al crematorio, Miguel Calero era recordado en Buenos Aires, en el partido de ida en la gran final de la Copa Sudamericana, que tiene inscritos entre sus ganadores al Pachuca, con la aportación imprescindible del “Cóndor”.
