Durante este Viernes Santo se llevó a cabo la edición número 76 de la tradicional Procesión del Silencio y el recorrido de cuadros bíblicos, una de las manifestaciones religiosas más representativas del municipio de Tepeji del Río y considerada única en el país.
En esta ocasión, un total de 19 cuadros bíblicos fueron montados sobre plataformas de tráiler, resultado del trabajo de más de mil personas que, durante dos meses, participaron en la organización, logística y diseño de cada escena.
Lejos de tratarse de actores o escenógrafos profesionales, los participantes son habitantes del municipio: campesinos, amas de casa, estudiantes, obreros e integrantes de comunidades indígenas, quienes, con devoción, recrean pasajes bíblicos como la Última Cena, la Crucifixión, Jesús caminando sobre las aguas, la bendición a los niños y la huida a Egipto, entre otros.
El recorrido, con una duración de poco más de tres horas, se desarrolla en un ambiente solemne, donde los participantes, caracterizados como romanos, judíos, samaritanos y mercaderes, permanecen inmóviles sobre las plataformas adaptadas como escenarios.
El sonido de los tambores marca el paso del contingente, encabezado por imágenes de arte sacro que datan de los siglos XVII y XVIII, entre las que destacan el Cristo de caña, el Señor del Santo Entierro y la Virgen de la Dolorosa.
De acuerdo con los organizadores, más de 20 mil personas se dieron cita para presenciar esta procesión, que destaca por su similitud con la que se realiza en Sevilla, España, consolidándose como una de las celebraciones más importantes de la Semana Santa en la región.
Durante este Viernes Santo se llevó a cabo la edición número 76 de la tradicional Procesión del Silencio y el recorrido de cuadros bíblicos, una de las manifestaciones religiosas más representativas del municipio de Tepeji del Río y considerada única en el país.
En esta ocasión, un total de 19 cuadros bíblicos fueron montados sobre plataformas de tráiler, resultado del trabajo de más de mil personas que, durante dos meses, participaron en la organización, logística y diseño de cada escena.
Lejos de tratarse de actores o escenógrafos profesionales, los participantes son habitantes del municipio: campesinos, amas de casa, estudiantes, obreros e integrantes de comunidades indígenas, quienes, con devoción, recrean pasajes bíblicos como la Última Cena, la Crucifixión, Jesús caminando sobre las aguas, la bendición a los niños y la huida a Egipto, entre otros.
El recorrido, con una duración de poco más de tres horas, se desarrolla en un ambiente solemne, donde los participantes, caracterizados como romanos, judíos, samaritanos y mercaderes, permanecen inmóviles sobre las plataformas adaptadas como escenarios.
El sonido de los tambores marca el paso del contingente, encabezado por imágenes de arte sacro que datan de los siglos XVII y XVIII, entre las que destacan el Cristo de caña, el Señor del Santo Entierro y la Virgen de la Dolorosa.
De acuerdo con los organizadores, más de 20 mil personas se dieron cita para presenciar esta procesión, que destaca por su similitud con la que se realiza en Sevilla, España, consolidándose como una de las celebraciones más importantes de la Semana Santa en la región.




