Tenemos muy arraigada la idea de que el progresosiempre trae beneficios para la humanidad, le apostamos al desarrollo de la ciencia y la tecnología como factores que han traído avances significativos;ahora que vivimos en la era digital, los canales ymedios de comunicación son más sofisticados e inmediatos, sin embargo, tristemente se ha ido perdiendo la práctica de una de las primeras formas de establecer comunicación a distancia con nuestros familiares y amistades, que fue el envío de cartas escritas a mano en hojas de papel.
Precisamente hoy 7 de febrero es el día de Enviar una Carta a un amiga o amigo, con el fin de recobrar nuestra tradición epistolar y promover la escritura, que estimula nuestro cerebro y la memoria.
Esta fecha, es también un buen motivo para retomar el contacto con seres queridos, que por ciertas circunstancias hemos perdido la comunicación y por supuesto, este día sería un excelente motivo para recordarle a nuestros amigos y amigas, que su acompañamiento en nuestra vida es invaluable.
Con todo gusto, comparto con ustedes un poema deEnriqueta Ochoa, una de las más brillantes poetasmexicana, que le escribió a su amigo y editor Jesús Arellano, dando origen a un sublime poema titulado “Carta a Jesús Arellano”, el cual espero le sirva de inspiración para tomar papel y lápiz.
Carta a Jesús Arellano
Desde hace años, Jesús,
el corazón me rebota loco entre las sienes
y ando por los rincones escondiendo al sollozo.
Estreno una sonrisa cada mañana
y pido limosna en todas las esquinas,
porque ¿quién va a prestarme su vida,
su amor, o su Dios?
Tengo que comprármelos yo misma, y no me alcanza.
Y todo esto que escondo y espero y que no llega,
es la razón que me desangra dentro.
A veces ocurre que de tan hambrientos
inventamos el sueño, la esperanza…
y mortalmente heridos, agonizamos por todos los hijos
que se nos quedaron dentro,
y por las palabras desquebrajadas,
presas entre los molares apretados del miedo;
las que luchan por sobrevivir
y a veces se nos caen de la boca
como un aborto ciego y doloroso.
Algo se rompe acá dentro y pienso,
me estoy vaciando viva.
Todos los adioses se agolpan y me miran
a mitad de la noche.
Tomo mi cobija de silencio, entonces,
y camino arrastrándola por los pasillos de la locura
y no me muero, Jesús,
y me siento a la orilla,
pidiendo se me ayude a balancear mi vida,
antes de irme
y tiemblo y nadie escucha, huyen con espanto,
mientras yo juego a la pelota con la muerte,
lanzándola como pequeña brasa de una mano a otra.
Y no me muero, Jesús, y no se muere una,
hace sólo el ridículo con su pequeña muerte
que es sólo una niña azorada,
llorando por todos los que de veras mueren sin
derecho.

