- Mal de amores
Este 24 de diciembre, además de que celebramos la Noche Buena, nos viene a la memoria el recuerdo de que cumpliría 71 años el poeta ixmiquilpense Arturo Trejo Villafuerte, quien debutó con su libro Mester de Hotelería, publicado por la UNAM en 1979.
A lo largo de 40 años, este escritor hidalguense, radicado en la Ciudad de México, nos entregó 20 obras individuales, así como otros títulos colectivos, por lo que su legado literario perdura, por la temática trascendente que aborda en sus poemas, que son una constante, como el amor, el erotismo y la incertidumbre amorosa; que pueden apreciarse en la lectura de su primer poema: Peregrino de las circunstancias, así como en el que escribió meses antes de fallecer: Diecinueve, y que con gusto les comparto, para que disfruten de su lectura.
Peregrino de las circunstancias
Soy peregrino de las circunstancias
Nacidas de un amor y de un deseo
Inventores de un dolor agudo que cabe
por el ojo de una aguja
y gana el cielo
Inquietud que sabe de la niebla fulminante de su sexo
y de los contornos de tus senos de malvavisco
De tus labios definitivamente victoriosos
De tu sonrisa que se pasea desnuda entre mi boca
De nuestros besos repentinos
Ah, ebrio, atolondrado, vacío,
busco el soporte de tu cuerpo
en medio del bochorno frío de mi invierno.
Llegaste a mí para darme las certezas e incertidumbres de la vida,
la inquietante voluntad de ser el mismo hombre pero otro.
Diecinueve
Ay, amar es dejar la piel
en cada intento de recobrar el recuerdo del otro.
La sentencia puede ser cierta o no,
pero la ausencia si es cierta
y nos doblega.
He creído en tus promesas, en tus palabras,
mucho tiempo,
he soñado contigo mucho más,
pero ni una ni otra supera tu desnudez,
tu presencia y el halo de tu bondad
cuando me entregas tus caricias.
Sumergida en la noche oscura de mi alma,
enamorado de ti, apasionado,
veo el paso del tiempo entre nosotros.
Somos otros y somos los mismos.
Tú te alejas en el tiempo,
yo me quedo con el peso de los recuerdos
y me pregunto,
siempre me pregunto
y me vuelvo a preguntar: ¿existes o te inventé?

