Como uno de los testigos presenciales de los hechos de 1968 en la Ciudad de México, Rolando Brito Rodríguez, relató su experiencia como testigo del llamado “bazucazo”, con el que se irrumpió en la puerta de la Preparatoria Uno de San Ildelfonso, para arremeter contra los estudiantes en una de las etapas previas al 2 de octubre en la plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco.
En las acciones de conmemoración de esta fecha, en la Sala de Los Constituyentes Hidalguenses de 1917 del Congreso del Estado, se presentó a dar más que una conferencia, una vivencia de su experiencia Rolando Brito Rodríguez, quien dijo ser protagonista e integrante del movimiento estudiantil de 1968, y quien afirmó haber sido testigo del llamado bazucazo el 30 de julio de ese año.
Aseguró: «Yo era un estudiante normal hijo de una madre que era profesora egresada del Mexe, Hidalgo, y en ese año los estudiantes participábamos en las marchas y luchábamos contra la represión, en la que durante días la policía intentó frenar a los jóvenes pero nunca pudieron con nosotros, por eso llamaron al ejército ya que eran tiempos difíciles donde ser estudiante era contravenir los intereses de los gobernantes, era ser señalado, pero también sabíamos que se podían cambiar las cosas que éramos ese factor de cambio».
Manifestó que en ese entonces contaba apenas con 15 años de edad, Brito Rodríguez, dijo que en ese tiempo vivía en la calle de Justo Sierra frente al edificio de San Ildefonso, y cuando los jóvenes comenzaron a gritar que se concentrarán en el Zócalo, el de inmediato comenzó a gritar Zócalo, Zócalo, pues toda vez que ahí vivía, por lo que a invitación de un amigo participó en todo el movimiento.
Refirió: “En esos tiempos yo era un joven en normal, pues me gustaban los deportes, ir al cine y de todo lo que a esa edad le gusta a un chamaco, y por tener como antecedente la actividad de mi madre como maestra que participó en muchas marchas principalmente del llamado Othonista que era con Othón Salazar, que fue un movimiento que se dio a finales de los 50 y principios de los años 60 y por eso mi mamá me llevaba a las marchas desde pequeño”.
Respecto a su experiencia en el movimiento, aseguró que por vivir en el centro de la ciudad a pesar de estudiar en una vocacional del Politécnico, se juntaba con los estudiantes de la UNAM en los combates callejeros que se daban en el Centro Histórico, de tal manera que la policía no pudo con los estudiantes y por eso metieron al Ejército y al momento del bazucazo, afirmó estaba en la azotea y solo vieron que llegó el Ejercito que pidió que desalojaran el edificio pero como nadie salió porque estaban atrincherados se dio el famoso bazucazo.
A decir del sobreviviente, hay una anécdota que le contaron de su madre; que una vez estando los maestros en un plantón ante la SEP, llegaron los granaderos a desalojar y la maestra que era su madre iba corriendo con su chamaquito a un lado.

