El día más esperado del año llegó, el recuentro entre los terrenales y quienes materialmente ya no están. En la Huasteca es mediodía, la tradición marca que es la hora en que llegan familiares y amigos que provienen del Mictlán (tierra de muertos) durante este día. Para ello, cruzaron el arco, elaborado con palo sol, bola de fuego, flor de cempasúchil, palmilla y mano de león.
Las velas de cera, son encendidas, iluminan el camino y el estruendoso sonido de los cohetes dan la bienvenida a las ánimas que vienen a convivir con sus seres queridos.
En esos términos es como se vive y celebra la tradición mestiza del Xantolo en la Huasteca, que representa la fusión del Día de Muertos (indígena) con Todos Santos (católica) degeneración de la voz latina Sancturum, que por la falta de fonemas indígenas se le conoce como Xantolo.
Por la calle, se perciben el olor a copal (incienso), que se matiza con el de los tamales, chocolate, mole, flores y el humo que emana de las velas y veladoras. La gente se reúne en una mesa para departir sus alimentos que de acuerdo a la tradición oral, son también compartidos con sus muertos o fieles difuntos.
Para el escritor náhuatl Hilario Hernández, este primer día es de “guardar”, de ayuno, de hacer la ofrenda; algunos hombres acuden al camposanto de Macuxtepetla para realizar la limpieza a las tumbas de sus seres queridos, que regresarán para compartir con ellos los alimentos en la tierra, que para la cosmogonía indígena tiene gran significado. En tanto las mujeres en el fogón preparando los alimentos para la ofrenda.
