
Esta unidad médica, que cuenta con áreas de audiología y terapia del lenguaje, donde mediante estudios de audiometrías, timpanometrías, emisiones acústicas y estudios de potenciales auditivos, ofrece tratamiento a pacientes de todas las edades.
Los grupos más expuestos a sufrir este tipo de padecimientos son los recién nacidos y los adultos mayores, principalmente quienes presentan enfermedades crónico degenerativas.
Por ello, la SSH exhorta a las mujeres embarazadas a mantener un adecuado control prenatal, a fin de prevenir la hipoacusia o sordera en el recién nacido. Problemas que se detectan actualmente de manera oportuna mediante el programa de Tamiz Auditivo Neonatal.
Entre los principales riesgos para las personas que no detectan a tiempo esta enfermedad, además de agravar la pérdida auditiva, está el sufrir problemas del lenguaje, déficit de aprendizaje y problemas de autoestima por aislamiento social.

Realizar el Tamiz Auditivo Neonatal en los recién nacidos para identificar oportunamente algún daño al sistema auditivo.
Disminuir la exposición al ruido durante eventos sociales.
Evitar el uso por largos periodos de tiempo de audífonos.
Utilizar protectores auditivos en caso de ser necesario.
Cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS) reflejan que más del 5% de la población en el mundo (360 millones de personas), padece pérdida de audición discapacitante (328 millones de adultos y 32 millones de niños). Una tercera parte de las personas mayores de 65 años sufre este tipo de sordera.
Las causas de pérdida de audición y sordera se pueden dividir en congénitas y adquiridas. Las causas congénitas pueden determinar la pérdida de audición en el momento del nacimiento o poco después.
La pérdida de audición puede obedecer a factores hereditarios y no hereditarios, o a complicaciones durante el embarazo y el parto: rubéola materna, sífilis u otras infecciones durante el embarazo; bajo peso al nacer; ictericia grave durante el período neonatal, que puede lesionar el nervio auditivo del recién nacido, entre otras.
Mientras que las causas adquiridas, pueden provocar la pérdida de audición a cualquier edad debido a algunas enfermedades infecciosas, por ejemplo, la meningitis, sarampión y parotiditis (paperas); la infección crónica del oído y la otitis media.
Se suman a los riegos de sordera los traumatismos craneoencefálicos o de los oídos; la exposición al ruido excesivo durante actividades recreativas como discotecas, conciertos y acontecimientos deportivos, o por el uso excesivo de audífonos.
También, la pérdida de audición se da por la degeneración natural de las células sensoriales durante el envejecimiento o por la obstrucción del conducto auditivo producida por cerumen o cuerpos extraños.
Finalmente, la SSH invita a la población que presente disminución de la audición, acudir a su unidad médica más cercana para, en caso de ser necesario, ser canalizados al área especializada de esta dependencia para recibir una evaluación completa.
