Las voces que hacían eco en el Estadio Hidalgo eran claras y contundentes “Miguel Calero, eras, eres y siempre serás el corazón de los Tuzos” mientras en el campo donde su talento y entrega lo hicieron pasara a la historia deportiva de Pachuca, del país y del balompié mundial estaba reunida parte de su familia y amigos.
El don de gente que se le reconoció en vida lo hizo pertenecer a la familia hidalguense, hacerse de amigos aún entre los contendientes, por eso aunque fue numeroso el contingente que acompañó la conmemoración de su primer aniversario luctuoso, era sólo una parte de ellos.
En diversos medios de comunicación nacionales mencionaron su trayectoria, algunas anécdotas, pasaron imágenes de sus grandes atajadas, de su gol en semifinales ante las Chivas Rayadas del Guadalajara, pero sobre todo de cuando sonreía y saludaba, algunos otros pasaban de largo, consideraban que la afición ha de adorarlos en todo momento, él no, se daba tiempo para reconocer en los seguidores el motor de los triunfos y la sed de los sueños.
En la ceremonia religiosa, los sacerdotes Luis Romero y Marciano reyes también hicieron referencia de sus cualidades deportivas que lo pusieron en el gusto de la gente, pero sobre todo de sus cualidades humanas que los dejan en el corazón de su esposa, hijos, amigos y aficionados.
Una trombosis venosa había sido el aviso en 2007, se retiró de las canchas en 2011 y a finales de noviembre de 2012 fue hospitalizado de emergencia, el 3 de diciembre se le declaró muerte cerebral y el 4 de diciembre oficialmente su fallecimiento.
La historia de su muerte es breve, se hace corta ante la historia de su vida, que además queda en síntesis plasmada fuera del estadio Hidalgo, en la leyenda que dice bajo su monumento “Si volviera a nacer, me llamaría Miguel Calero, sería portero y defendería los colores del Pachuca”.
