Aunque el ambiente del ciclismo hidalguense en general está enrarecido por añejos conflictos entre los de pantalón largo y eso suele arrastras a los deportistas, en el caso de la especialidad de montaña, el saldo al culminar la temporada 2013 es positivo.
La Liga de Ciclismo de Montaña, encabezada por Noé Lizardi, fundamenta su autocrítica en el hecho del acercamiento que pudieron lograr con autoridades municipales y comunitarias, no sólo para el respaldo de las competencias que organizaron, sino para que su disciplina realmente permeara en el ánimo de cada población que visitaron.
Fueron en total 21 competencias, 16 en la modalidad de cross contry y cinco en maratón, cada una de las cuales contó con premiación en efectivo, pistas supervisadas en las que se conjugaron medidas de seguridad, atractivos parajes y retos para los pedalistas, además de la presencia de figuras locales y de entidades vecinas.
Resultado de mantener en constante actividad a los ciclistas hidalguenses, fueron tanto las medallas en Olimpiada Nacional, como los llamados que recibieron algunos para integrarse a representaciones mexicanas que participaron en justas internacionales.
En el caso de la máxima justa deportiva del país las preseas fueron ganadas por Andrea Fuentes (oro), Iván Lizardi, Mizraín Mora, Melissa Zaldivar, Leonel Palma (plata) y Fernando Islas (bronce), además de la plata de persecución por equipos, ya que también son ciclistas surgidos de las filas de la montaña, para un total de siete preseas.
Pista de Santa Catarina
Además de las preseas, la relación cordial y de cooperación con autoridades, la presencia de figuras y el fogueo para los ciclistas locales, el Serial Hidalguense de Ciclismo de Montaña dejó gratas experiencias de lugares que seguramente serán recurrentes en otras ediciones, uno de éstos donde culminó la temporada 2013.
La pista de Santa Catarina, fue un excelente sinodal para los participantes, quienes hicieron buenos comentarios del trazo, que fue exigente, técnico y especular. De acuerdo a la versión de Benito Torres y Antonio Silva, responsable de diseñar la pista, se buscó un terreno con alto grado de dificultad, con una bajada de cinco kilómetros, después un ascenso de 8 kilómetros, seguida de columpios en veredas hasta llegar a desfiladero de cuatro metros de ancho, sumamente complicado y exigente.
Posteriormente una baja muy técnica de 7 kilómetros, para cruzar el río cargando sus jacas de acero unos 30 metros, continuar con una subida de 3 kilómetros antes de llegar a la meta. Sin lugar a dudas una pista muy exigente, pero los ciclistas aceptaron el reto y aseguraron tomar la salida en la próxima edición.
